viernes, 23 de abril de 2010

Nito Artaza y la nueva política Argentina

Escribe: Gabriel Oliverio

Hace 10 días cuando me invitaron a dar la charla anual para egresados de una importante escuela de negocios la duda predominante en los participantes era si realmente los analistas veíamos un cambio en la dirigencia política de Argentina. Si existe como sucede en Chile, Uruguay o Brasil una tendencia hacia nuevos liderazgos y si estos se diferencian de lo antes conocido.
En realidad aún no podemos dar muestra de haber alcanzado en Argentina madurez suficiente como para dar a luz verdaderos hombres de Estado. Como lo tienen nuestros vecinos latinoamericanos.
El país tuvo su oportunidad con la generación del 80, con nombres como Sarmiento, Avellaneda, Mitre, etc. Oportunidad que si pudiéramos modernizar los conceptos e impulsar el mismo espíritu resultaría en concordancia con la necesidad actual más urgente. Estamos claramente lejos de aquellos liderazgos profundos pero también lo estamos del concepto de país con desarrollo. Hoy somos parte de una globalización que, guste o no es un hecho.
Los participantes del foro entonces plantearon analizar las nuevas figuras de la política. Específicamente las que no provienen de usos y costumbres tradicionales sino de ambientes u hechos que, por razones de fuerza mayor, se instalan en esta senda temporal o definitivamente.
José Ingenieros decía que "A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso".
Cuando llegó el turno del actual senador nacional por Corrientes Eugenio “Nito” Artaza (hombre que afianza su rol legislativo y se opone a la industria financiera) la respuesta fue terminante. Nito Artaza no es un hombre en tránsito sino alguien que pretende desde su más profunda convicción quedarse y ser protagonista de la política nacional. Paso a paso ha construido su liderazgo, primero como defensor de los ahorristas a partir de la crisis de 2001 y luego ingresando al radicalismo en un momento en que todos decidían irse. Artaza es justamente producto de la necesidad de nuevas personalidades que pide el pueblo. Emerge por si mismo, enfrentando estructuras tradicionales de la UCR hasta alcanzar su banca como senador.
Artaza piensa siempre desde lo social, desde su propia experiencia por venir desde abajo construyendo en base al más duro aprendizaje, primero el artista, luego el empresario y ahora el hombre político. Nito presiente, analiza, coteja con sus amigos y luego actúa. Es un hombre decidido a pelear por lo que cree justo en un mundo que es primordialmente injusto y desleal. Sabe mirar y toma lo mejor de lo que ve.
Ese día coincidimos los presentes que la figura de Nito Artaza, como la de Julio Cobos, la de Ricardo Alfonsín y otros hombres que construyen su espacio de acuerdo a circunstancias puntuales se irán amalgamando en lo que conocemos como vieja política para dar impulso a una Argentina mejor.
Yo la llamaría la Argentina emergente. La que está en los diarios pero no es mediática sino que se instala en la opinión pública como idea fuerza o impulso de algo distinto. Lo que dentro del peronismo serían De Narváez y Macri. Es lo nuevo versus lo antiguo, sin dudas lo necesario.
No importa de donde vengan, Argentina necesita hombres de Estado que se preparen para gestionar, legislar y pertenecer a una sociedad con cada vez menos paciencia, dispuesta a pedir explicaciones y a no perdonar.
Ingenieros también decía que "Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van".
Se acerca el tiempo de la nueva política con pautas distintas, sin confrontación, con acuerdos. Donde la palabra debe tener valor como garantía de democracia verdadera y los hechos concretos sean la prueba de legitimidad y merecimiento del aprecio popular.

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